Se los suele tratar con rasgos idénticos. Pero los caballos se diferencian sustancialmente.
El carácter del caballo se relaciona con aquello que caracteriza al animal durante la mayor parte del tiempo. Todo ello puede educarse. Se relaciona a su disponibilidad para aprender, a la voluntad para entrenar, o a la docilidad, entre otras.
El temperamento en cambio tiene que ver con el tipo de raza o línea de sangre. En general, el caballo se caracteriza por ser nervioso e hiperactivo.
Según el temperamento, existen tres tipos de caballos, a saber:

- Los de sangre caliente: llamados también de pura raza; son los más activos, nerviosos y alertas. De mejor monta.
- Los de sangre tibia: son aquellos producto de la cruza entre los de sangre caliente y fría.
- Los de sangre fría: son por lo general tranquilos, mansos, provienen de razas pesadas de tiro.
El carácter ideal para caballos de deporte
Una de las cualidades por las que es valorado el caballo, es por su capacidad para el deporte. Y el carácter es un rasgo importante a considerar. Por tanto, es ideal para esta actividad:
- Si demuestra buena disponibilidad, es decir, capacidad para comprender y seguir las órdenes del jinete.
- Cuando reacciona de manera positiva ante las dificultades o los errores cometidos.
- Si tiene buena capacidad para trabajar bajo presión y buen nivel de nervio.
Todas estas características no se vinculan directamente al “buen carácter” ni a los temperamentos tranquilos. Sí es cierto, no obstante, que debe tener un buen grado de docilidad.
En suma, el caballo es un animal fascinante, cuyo carácter puede comprenderse con observación y buena predisposición. Con una interacción positiva, basada en el respeto, y bajo la premisa de aumentar la confianza mutua, es posible lograr interpretar aquellos rasgos que lo definen.