El mal carácter entre los caballos existe, aunque no es la situación más común. Este rasgo se demuestra fundamentalmente a partir de ciertas actitudes particulares. Como ejemplos, cuando agacha o mueve las orejas, cuando mueve las manos y boca para masticar, estira los labios y arruga las quijadas, o cuando enseña la grupa o los dientes. Lo importante, en todo caso, es el vínculo que se genere con el ser humano y el grado de conocimiento mutuo.